18 de Febrero de 2008





Nº 10: Globalización, Contrageografías y Resistencias, 2002.

TEMAS DEL DEBATE FEMINISTA CONTEMPORÁNEO

Globalización, contrageografías y resistencias

Indice

Prólogo
Silvia Chejter

Contrageografías de la globalización: la feminización de la supervivencia
Saskia Sassen

Reestructuración y las políticas de marginación
Janine Brodie

Políticas de desarrollo para las mujeres y mundialización. Los casos de México y Colombia.
Marie France Labrecque

El impacto del integrismo islámico sobre las mujeres en el contexto de la mundialización. El caso de Egipto.
Yolande Geadah

La constitución discursiva de las mujeres pakistaníes. Articulación entre Género, Nación e Islam.
Nancy Cook

Las torres fantasmas
Rosalind Petchesky

Feministas y feminimos en el II Foro Social Mundial de Porto Alegre
Silvia Chejter y Claudia Laudano

Se ha dicho reiteradamente que los acontecimientos del 11 de setiembre pasado establecen un corte histórico bien definido entre un antes y un después. Es posible que este corte exista, pero esta demarcación no necesariamente implica un punto de inflexión y corrección de una tendencia global existente hasta ese momento. Por el contrario pareciera darse una revitalización y hasta una radicalización de tendencias globalizadoras hegemónicas que estaban perdiendo su ímpetu inicial.

Es así como algunos procesos de la mundialización que parecían demorados ante la resistencia a su expansión ilimitada por parte de los gobiernos y la ciudadanía, -ejemplos tales como el fracaso del Acuerdo Multilateral de Inversiones y el rechazo a una nueva ronda del la Organización Mundial del Comercio a principios del 2001-, a partir del día fatídico han encontrado una vía más rápida y despejada para legitimarse y justificarse..

Ya sea por que esos hechos exaltaron sentimientos patrióticos nacionales en los EEUU muy difíciles de contrarrestar, que limaron diferencias internas en ese país; ya sea por que el gobierno de los EEUU al exigir una alineación contra el terrorismo con el alegato de que sólo se puede estar con o contra la civilización occidental y cristiana, hicieron tabla rasa con muchas de las vacilaciones y disidencias de muchos gobiernos hasta entonces reticentes a esos procesos.

Esta alineación solicitada en términos conminatorios abarcó no sólo el nivel militar, la anuencia de los organismos internacionales, sino también a las políticas tendientes a una irrestricta liberalidad económica y financiera que reconocieran a la vez las prioridades de los mercados aún cuando no contemplaran las necesidades de la ciudadanía en general sacrificadas en beneficio de las de los sectores concentrados y privilegiados de poder económico.

Se avanzó pues tras objetivos postergados y obstaculizados, tales como la aprobación del escudo misilístico, el incremento de los gastos militares, la justificación de ciertas intervenciones militares, la implantación de acuerdos comerciales resistidos, el avance hacia el ALCA, etc, juntamente con mayores restricciones en el gasto social, legitimación de excepciones al respeto de los derechos humanos para la lucha antiterrorista, el no reconocimiento del Protocolo de Tokio y de la jurisdicción del Tribunal Internacional de Justicia y el ahondamiento de la brecha entre países ricos y pobres, entre personas ricas y pobres bajo el límite de subsistencia.

Como señala Inmanuel Wallerstein . "El ataque del 11 de setiembre sirvió a los intereses de las fuerzas de Davos. Las manifestaciones a gran escala con sus riesgos de violencia, parecían amenazadas por acusaciones de terrorismo. La reciente y muy bien protegida reunión de Doha de la Organización Mundial de Comercio relanzó las pláticas mundiales sobre comercio" .

Las mujeres estamos inmersas en ese contexto global y sus efectos locales y estamos afectadas por este relanzamiento de las políticas globales neoliberales.
Dicen que el siglo XX fue el siglo de las mujeres y que hemos avanzado mucho. Sin duda que hubo enormes progresos. Pero también sabemos que estos progresos no nos depararon la superación del sexismo. Y la selección de artículos incluidos en esta nueva edición de Travesías pretende dar cuenta que en países muy diferentes vivimos en sociedades que mantienen prácticas, instituciones, ideologías, y valores que consagran la supremacía masculina. Y esto es válido tanto para los países de Occidente como para los países de Asia, África o América Latina.

En algunos países se han logrado importantes reformas legales que penalizan la violencia, que ilegalizan prácticas aberrantes como la mutilación genital, abren los espacios públicos a las mujeres excluidas de dicho espacio, que ilegitiman las inequidades de género, pero a menudo se trata de progresos más formales que reales, aunque también hay países donde los cambios legales han sido difíciles cuando no nulos, como por ejemplo en los relacionados con la anticoncepción y el aborto en Amércia Latina, las mutilaciones genitales en muchos países africanos, la reclusión forzada de las mujeres en sus hogares y la exclusión completa de lo público en algunos países, etc. Al mismo tiempo que persisten las prácticas de violencia y maltrato en los espacios públicos y privados; las violaciones tanto en la guerra como en la paz, en situaciones de conflicto armado y el tráfico de mujeres del sur traficadas para los prostíbulos del norte; mujeres del norte traficadas para los prostíbulos del sur; traficadas para trabajos casi esclavos en muchas regiones, en las maquilas, etc.

En este número de Travesías, el primer artículo, "Contrageografías de la globalización" de Saskia Sassen habla del crecimiento de gran variedad de circuitos globales alternativos para la subsistencia, que incorporan a gran número de mujeres. Y afirma que es a costa de esas mujeres que esas nuevas formas de subsistencia y supervivencia, de lucrar, y producir ingresos y divisas fuertes para los gobiernos prosperan.
Janine Brodie habla de los discursos con los que las mujeres enfrentan la desaparición de los estados de bienestar, (referido sobre todo a Canadá) y de la necesidad de comprender que ante una situación nueva, ligada a los procesos globales, son necesarios nuevos discursos y nuevas estrategias, ya que los tradicionales han dejado de ser útiles y válidos.

Una experiencia de investigación le permite a la también canadiense Labrecque trazar una evaluación de dos programas para el desarrollo en América Latina diseñados con una perspectiva de género. Le permite comprobar que esos programas que en un inicio sólo parecían tener por objetivo mejorar los ingresos de mujeres en zonas rurales de México y Colombia aparecían luego imprevistamente integrados a proyectos de multinacionales en el contexto de las políticas industriales y comerciales de la mundialización .

Siguen dos artículos referidos al impacto sobre las mujeres del integrismo islámico en Egipto y Pakistán cuyo interés se encuentra acrecentado en este momento por los acontecimientos del 11 de setiembre pasado. Esto artículos no sólo por sirven para entender los problemas que enfrentan las mujeres musulmanas en esos países, extensivo a otros países del área musulmana, sino también para comprobar que los avances y retrocesos en las mejoras de la condición de las mujeres también están ligados a los procesos globales económico financieros que han desmejorado las condiciones de vida en esas regiones, produciendo descontento. Además influyen problemas de identidad cultural anteriores a esos procesos, que la globalización cultural también contribuye a afectar . Por lo que han incidido en el desequilibrio desfavorable de la balanza de género en desmedro de las mujeres, al reforzar la presencia y el poder acrecentados del nacionalismo islámico religioso fundamentalista como una expresión de resistencia al imperialismo cultural global.

Un artículo político escrito por Rosalind Petchersky, una norteamericana judía días después del ataque a las Torres Gemelas merece toda nuestra atención. Citamos de este artículo "El machismo capitalista global sigue bien vivo, aunque disimulado bajo su eurocentrismo racista, so pretexto de "rescatar" a las mujeres afganas oprimidas y sin voz del régimen misógino al que ayudaron a llegar al poder. Las feministas en todo el mundo que durante años trataron de llamar la atención sobre la condición de las mujeres y niñas en Agfanistán, no pueden sentirse reivindicadas ante la perspectiva de los aviones de guerra estadounidenses y de los jefes agfanos respaldados por éste, que vienen a salvar a nuestras hermanas agfanas"

Por último una reseña del Foro Mundial Social de Porto Alegre 2002 a cargo de Claudia Laudano y la colaboración de Silvia Chejter da cuenta de modo somero y parcial, dada la enorme variedad de actividades que el Foro concentró en pocos días, de algunas manifestaciones y discursos de las diversas agrupaciones de mujeres que produjeron en ese encuentro multidudinario, acciones, documentos, definiciones, marchas, y festivales.

Las mujeres de los mas diversos países del mundo compartimos el anhelo para que se incluyan de modo real y no solo formal, nuestros derechos, los derechos de las mujeres como parte de los derechos humanos, tal como lo definió la Declaracion de Viena de 1993. Existen todavia resistencias que se expresan de múltiples formas. Frente a las dramáticas violaciones a los derechos humanos más elementales -provocados por las políticas financieras y económicas globalizadas en los países de América Latina- surgen voces que sostienen las viejas jerarquías -primero resolver "los grandes temas económicos-políticos" como si los grandes temas fueran sólo y principalmente económicos, o sólo esencialmente políticos.

Esta ideología puede con mayor facilidad admitir las violaciones en el marco de conflictos armados o de las guerras y no admitir las violaciones más rutinarias y cotidianas. Tal vez porque subsiste la idea de que hay prácticas sexistas más graves que otras, sexismos civilizados (los occidentales) y sexismos bárbaros (los no occidentales).

Hasta ahora ha sido más fácil que los organismos de derechos humanos recojan las denuncias por las violaciones de los derechos de las mujeres en regímenes dictatoriales, gobiernos funamentalistas y tradicionales de Africa y Oriente o las violaciones étnicas en la ex Yugoeslavia que las que se producen en los países prósperos de Occidente donde también ocurren. Es importante transformar nuestros modos de pensar. Vale la pena recordar las palabras de Rondha Copelon (con relación a las denuncias de las violaciones en la guerra de los Balcanes): "La violación, la prostitución y el embarazo forzados, deben ser vistos como crímenes contra la humanidad y graves violaciones a las leyes de guerra estén o no asociados con las prácticas aberrantes de limpieza étnica. (...) No es la limpieza étnica la que define la atrocidad de la violación. Lo que la define es la atrocidad misma de toda violación y la violación étnica no es más que una táctica de esa atrocidad. No se puede decir que todas las demás formas de violación son menos extraordinarias, menos atroces, menos condenables y claramente menores en tanto violaciones de los derechos humanos. Nuestro objetivo es afirmar que `la violación de por sí misma, es suficiente´ para ser condenada (Car, 1993)

Si bien la aceptación de los derechos humanos de las mujeres esta muy extendida, existe en la practica una jerarquización de derechos humanos, donde algunos derechos padecen ser más humanos y algunas violaciones de esos derechos más violatorias. Para nosotras la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos es y debe seguir siendo un objetivo de las mujeres. Y por el momento esta es una tarea indelegable.

El sexismo atraviesa todas las ideologías, culturas, y religiones y es la base de una solidaridad internacional. Se suele decir la democracia es incompatible con el autoritarismo. Del mismo modo podemos decir que el sexismo es incompatible con la democracia.

Con la democracia formal que es la que suplanta a la democracia real no es posible pensar que se pueda desplazar el sexismo imperante en todas las sociedades como práctica global.

En este contexto, tenemos que pensar en nuestros derechos. Nuestros derechos sociales y económicos, y también nuestros derechos civiles y nuestros derechos como mujeres.

¿Cómo hacer valer esos derechos, derechos tales como la autonomía, la libertad con relación a nuestros cuerpos, la sexualidad, la reproducción, el derecho a una vida libre de violencia y explotación cuando la conjunción de la crisis económica con la persistencia de valores sexistas y la revigorización de instituciones patriarcales se convierten en nuevos condicionamientos que incluso transforman en una mercancía más al mismo nivel que otras, los cuerpos de las mujeres, adultas, adolescentes y aun niñas?

¿Cuál es el rol que las mujeres, -individual y colectivamente- jugamos o debemos jugar en estos momentos? ¿Que estrategias sostener para fortalecernos y fortalecer formas de convivencia más equitativas y democráticas? ¿Que coincidencias y articulaciones son posibles con otros movimientos sociales, desde ya el movimiento de derechos humanos, y los movimientos; sindicales, antidiscriminatorios, pacifistas, ecologistas, tanto en el ámbito local como en el internacional?




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