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Nº 10: Globalización, Contrageografías y Resistencias, 2002.
TEMAS DEL DEBATE FEMINISTA CONTEMPORÁNEO
Globalización, contrageografías y resistencias
Indice
Prólogo
Silvia Chejter
Contrageografías
de la globalización: la feminización de la supervivencia
Saskia Sassen
Reestructuración
y las políticas de marginación
Janine Brodie
Políticas de desarrollo
para las mujeres y mundialización. Los casos de México y Colombia.
Marie France Labrecque
El impacto del integrismo
islámico sobre las mujeres en el contexto de la mundialización.
El caso de Egipto.
Yolande Geadah
La constitución
discursiva de las mujeres pakistaníes. Articulación entre Género,
Nación e Islam.
Nancy Cook
Las torres fantasmas
Rosalind Petchesky
Feministas y feminimos
en el II Foro Social Mundial de Porto Alegre
Silvia Chejter y Claudia Laudano
Se ha dicho reiteradamente que los acontecimientos
del 11 de setiembre pasado establecen un corte histórico bien definido
entre un antes y un después. Es posible que este corte exista, pero esta
demarcación no necesariamente implica un punto de inflexión y
corrección de una tendencia global existente hasta ese momento. Por el
contrario pareciera darse una revitalización y hasta una radicalización
de tendencias globalizadoras hegemónicas que estaban perdiendo su ímpetu
inicial.
Es así como algunos procesos de la mundialización que parecían
demorados ante la resistencia a su expansión ilimitada por parte de los
gobiernos y la ciudadanía, -ejemplos tales como el fracaso del Acuerdo
Multilateral de Inversiones y el rechazo a una nueva ronda del la Organización
Mundial del Comercio a principios del 2001-, a partir del día fatídico
han encontrado una vía más rápida y despejada para legitimarse
y justificarse..
Ya sea por que esos hechos exaltaron sentimientos patrióticos nacionales
en los EEUU muy difíciles de contrarrestar, que limaron diferencias internas
en ese país; ya sea por que el gobierno de los EEUU al exigir una alineación
contra el terrorismo con el alegato de que sólo se puede estar con o
contra la civilización occidental y cristiana, hicieron tabla rasa con
muchas de las vacilaciones y disidencias de muchos gobiernos hasta entonces
reticentes a esos procesos.
Esta alineación solicitada en términos conminatorios abarcó
no sólo el nivel militar, la anuencia de los organismos internacionales,
sino también a las políticas tendientes a una irrestricta liberalidad
económica y financiera que reconocieran a la vez las prioridades de los
mercados aún cuando no contemplaran las necesidades de la ciudadanía
en general sacrificadas en beneficio de las de los sectores concentrados y privilegiados
de poder económico.
Se avanzó pues tras objetivos postergados y obstaculizados, tales como
la aprobación del escudo misilístico, el incremento de los gastos
militares, la justificación de ciertas intervenciones militares, la implantación
de acuerdos comerciales resistidos, el avance hacia el ALCA, etc, juntamente
con mayores restricciones en el gasto social, legitimación de excepciones
al respeto de los derechos humanos para la lucha antiterrorista, el no reconocimiento
del Protocolo de Tokio y de la jurisdicción del Tribunal Internacional
de Justicia y el ahondamiento de la brecha entre países ricos y pobres,
entre personas ricas y pobres bajo el límite de subsistencia.
Como señala Inmanuel Wallerstein . "El ataque del 11 de setiembre
sirvió a los intereses de las fuerzas de Davos. Las manifestaciones a
gran escala con sus riesgos de violencia, parecían amenazadas por acusaciones
de terrorismo. La reciente y muy bien protegida reunión de Doha de la
Organización Mundial de Comercio relanzó las pláticas mundiales
sobre comercio" .
Las mujeres estamos inmersas en ese contexto global y sus efectos locales y
estamos afectadas por este relanzamiento de las políticas globales neoliberales.
Dicen que el siglo XX fue el siglo de las mujeres y que hemos avanzado mucho.
Sin duda que hubo enormes progresos. Pero también sabemos que estos progresos
no nos depararon la superación del sexismo. Y la selección de
artículos incluidos en esta nueva edición de Travesías
pretende dar cuenta que en países muy diferentes vivimos en sociedades
que mantienen prácticas, instituciones, ideologías, y valores
que consagran la supremacía masculina. Y esto es válido tanto
para los países de Occidente como para los países de Asia, África
o América Latina.
En algunos países se han logrado importantes reformas legales que penalizan
la violencia, que ilegalizan prácticas aberrantes como la mutilación
genital, abren los espacios públicos a las mujeres excluidas de dicho
espacio, que ilegitiman las inequidades de género, pero a menudo se trata
de progresos más formales que reales, aunque también hay países
donde los cambios legales han sido difíciles cuando no nulos, como por
ejemplo en los relacionados con la anticoncepción y el aborto en Amércia
Latina, las mutilaciones genitales en muchos países africanos, la reclusión
forzada de las mujeres en sus hogares y la exclusión completa de lo público
en algunos países, etc. Al mismo tiempo que persisten las prácticas
de violencia y maltrato en los espacios públicos y privados; las violaciones
tanto en la guerra como en la paz, en situaciones de conflicto armado y el tráfico
de mujeres del sur traficadas para los prostíbulos del norte; mujeres
del norte traficadas para los prostíbulos del sur; traficadas para trabajos
casi esclavos en muchas regiones, en las maquilas, etc.
En este número de Travesías, el primer artículo, "Contrageografías
de la globalización" de Saskia Sassen habla del crecimiento de gran
variedad de circuitos globales alternativos para la subsistencia, que incorporan
a gran número de mujeres. Y afirma que es a costa de esas mujeres que
esas nuevas formas de subsistencia y supervivencia, de lucrar, y producir ingresos
y divisas fuertes para los gobiernos prosperan.
Janine Brodie habla de los discursos con los que las mujeres enfrentan la desaparición
de los estados de bienestar, (referido sobre todo a Canadá) y de la necesidad
de comprender que ante una situación nueva, ligada a los procesos globales,
son necesarios nuevos discursos y nuevas estrategias, ya que los tradicionales
han dejado de ser útiles y válidos.
Una experiencia de investigación le permite a la también canadiense
Labrecque trazar una evaluación de dos programas para el desarrollo en
América Latina diseñados con una perspectiva de género.
Le permite comprobar que esos programas que en un inicio sólo parecían
tener por objetivo mejorar los ingresos de mujeres en zonas rurales de México
y Colombia aparecían luego imprevistamente integrados a proyectos de
multinacionales en el contexto de las políticas industriales y comerciales
de la mundialización .
Siguen dos artículos referidos al impacto sobre las mujeres del integrismo
islámico en Egipto y Pakistán cuyo interés se encuentra
acrecentado en este momento por los acontecimientos del 11 de setiembre pasado.
Esto artículos no sólo por sirven para entender los problemas
que enfrentan las mujeres musulmanas en esos países, extensivo a otros
países del área musulmana, sino también para comprobar
que los avances y retrocesos en las mejoras de la condición de las mujeres
también están ligados a los procesos globales económico
financieros que han desmejorado las condiciones de vida en esas regiones, produciendo
descontento. Además influyen problemas de identidad cultural anteriores
a esos procesos, que la globalización cultural también contribuye
a afectar . Por lo que han incidido en el desequilibrio desfavorable de la balanza
de género en desmedro de las mujeres, al reforzar la presencia y el poder
acrecentados del nacionalismo islámico religioso fundamentalista como
una expresión de resistencia al imperialismo cultural global.
Un artículo político escrito por Rosalind Petchersky, una norteamericana
judía días después del ataque a las Torres Gemelas merece
toda nuestra atención. Citamos de este artículo "El machismo
capitalista global sigue bien vivo, aunque disimulado bajo su eurocentrismo
racista, so pretexto de "rescatar" a las mujeres afganas oprimidas
y sin voz del régimen misógino al que ayudaron a llegar al poder.
Las feministas en todo el mundo que durante años trataron de llamar la
atención sobre la condición de las mujeres y niñas en Agfanistán,
no pueden sentirse reivindicadas ante la perspectiva de los aviones de guerra
estadounidenses y de los jefes agfanos respaldados por éste, que vienen
a salvar a nuestras hermanas agfanas"
Por último una reseña del Foro Mundial Social de Porto Alegre
2002 a cargo de Claudia Laudano y la colaboración de Silvia Chejter da
cuenta de modo somero y parcial, dada la enorme variedad de actividades que
el Foro concentró en pocos días, de algunas manifestaciones y
discursos de las diversas agrupaciones de mujeres que produjeron en ese encuentro
multidudinario, acciones, documentos, definiciones, marchas, y festivales.
Las mujeres de los mas diversos países del mundo compartimos el anhelo
para que se incluyan de modo real y no solo formal, nuestros derechos, los derechos
de las mujeres como parte de los derechos humanos, tal como lo definió
la Declaracion de Viena de 1993. Existen todavia resistencias que se expresan
de múltiples formas. Frente a las dramáticas violaciones a los
derechos humanos más elementales -provocados por las políticas
financieras y económicas globalizadas en los países de América
Latina- surgen voces que sostienen las viejas jerarquías -primero resolver
"los grandes temas económicos-políticos" como si los
grandes temas fueran sólo y principalmente económicos, o sólo
esencialmente políticos.
Esta ideología puede con mayor facilidad admitir las violaciones en el
marco de conflictos armados o de las guerras y no admitir las violaciones más
rutinarias y cotidianas. Tal vez porque subsiste la idea de que hay prácticas
sexistas más graves que otras, sexismos civilizados (los occidentales)
y sexismos bárbaros (los no occidentales).
Hasta ahora ha sido más fácil que los organismos de derechos humanos
recojan las denuncias por las violaciones de los derechos de las mujeres en
regímenes dictatoriales, gobiernos funamentalistas y tradicionales de
Africa y Oriente o las violaciones étnicas en la ex Yugoeslavia que las
que se producen en los países prósperos de Occidente donde también
ocurren. Es importante transformar nuestros modos de pensar. Vale la pena recordar
las palabras de Rondha Copelon (con relación a las denuncias de las violaciones
en la guerra de los Balcanes): "La violación, la prostitución
y el embarazo forzados, deben ser vistos como crímenes contra la humanidad
y graves violaciones a las leyes de guerra estén o no asociados con las
prácticas aberrantes de limpieza étnica. (...) No es la limpieza
étnica la que define la atrocidad de la violación. Lo que la define
es la atrocidad misma de toda violación y la violación étnica
no es más que una táctica de esa atrocidad. No se puede decir
que todas las demás formas de violación son menos extraordinarias,
menos atroces, menos condenables y claramente menores en tanto violaciones de
los derechos humanos. Nuestro objetivo es afirmar que `la violación de
por sí misma, es suficiente´ para ser condenada (Car, 1993)
Si bien la aceptación de los derechos humanos de las mujeres esta muy
extendida, existe en la practica una jerarquización de derechos humanos,
donde algunos derechos padecen ser más humanos y algunas violaciones
de esos derechos más violatorias. Para nosotras la universalidad e indivisibilidad
de los derechos humanos es y debe seguir siendo un objetivo de las mujeres.
Y por el momento esta es una tarea indelegable.
El sexismo atraviesa todas las ideologías, culturas, y religiones y es
la base de una solidaridad internacional. Se suele decir la democracia es incompatible
con el autoritarismo. Del mismo modo podemos decir que el sexismo es incompatible
con la democracia.
Con la democracia formal que es la que suplanta a la democracia real no es posible
pensar que se pueda desplazar el sexismo imperante en todas las sociedades como
práctica global.
En este contexto, tenemos que pensar en nuestros derechos. Nuestros derechos
sociales y económicos, y también nuestros derechos civiles y nuestros
derechos como mujeres.
¿Cómo hacer valer esos derechos, derechos tales como la autonomía,
la libertad con relación a nuestros cuerpos, la sexualidad, la reproducción,
el derecho a una vida libre de violencia y explotación cuando la conjunción
de la crisis económica con la persistencia de valores sexistas y la revigorización
de instituciones patriarcales se convierten en nuevos condicionamientos que
incluso transforman en una mercancía más al mismo nivel que otras,
los cuerpos de las mujeres, adultas, adolescentes y aun niñas?
¿Cuál es el rol que las mujeres, -individual y colectivamente-
jugamos o debemos jugar en estos momentos? ¿Que estrategias sostener
para fortalecernos y fortalecer formas de convivencia más equitativas
y democráticas? ¿Que coincidencias y articulaciones son posibles
con otros movimientos sociales, desde ya el movimiento de derechos humanos,
y los movimientos; sindicales, antidiscriminatorios, pacifistas, ecologistas,
tanto en el ámbito local como en el internacional?
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